11 de Diciembre del 2017 | 18:46 | Ciudad de México | °C -

La sequía y la “tentación” electoral

Como la burocracia es primero, se tuvo que firmar un acuerdo presidencial para agilizar los recursos federales con el fin de atender la sequía, ante el hambre y la sed, en el centro y norte de México.

El diagnóstico comenzó mal. Al hablar de la sequía, el pasado 16 de enero, José Luis Luege Tamargo, director de la Conagua, aseguró que la situación en la Sierra Tarahumara no “era tan grave” y que además los datos sobre muertes en la región por hambre y sed “no eran ciertos”.

Lo que hace unos días no era un problema “grave”, ahora está convertido, según palabras del propio presidente Felipe Calderón, en un asunto mayúsculo: la peor sequía en 70 años para el país que afecta a más del 60 por ciento del territorio.

Obviamente no es culpa del gobierno “el cambio climático” al cual se le atribuye la sequía, pero la pregunta es por qué las propias autoridades, incluidas las estatales y municipales, no tenían un plan de emergencia para atender el problema humanitario.

Como la burocracia es primero, se tuvo que firmar un acuerdo presidencial para agilizar los recursos federales con el fin de atender la sequía, ante el hambre y la sed, en el centro y norte de México.

Más aún, los campesinos e indígenas se vieron obligados a empujar, a través de su Caravana del Hambre en dirección a la Ciudad de México, para que se agilizaran los apoyos.

19 estados impactados por el clima extremo, en donde nadie les hacía caso, por eso el viaje.

Veremos cuáles son los alcances del Programa Integral para la Atención de la Sequía, anunciado por el presidente Calderón y esperemos que sea un esfuerzo racional con los candados suficientes para que la ayuda ante los problemas de agua y alimentación sea canalizada a los más necesitados y también a los productores.

Son más de mil 200 municipios bajo la emergencia y 260 de éstos en una situación todavía más delicada.

Por supuesto que en año electoral cualquiera esperaría que ninguna instancia, federal, estatal o municipal se pusiera lucrar con la emergencia y pretenda hacerles creer a los afectados que los programas sociales son a cambio de apoyos electorales.

 Ahí está la tentación para los gobiernos, el hacer de un asunto humanitario, un acto político.

Calderón garantizó que nadie morirá por la sequía, esperemos que sea una promesa cumplida y no simplemente un buen deseo.

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