11 de Diciembre del 2017 | 18:47 | Ciudad de México | °C -

Joaquín Vargas: rehén de Estado

Lo de Lozano es una burla, un descaro de un funcionario yendo más allá de la esfera de su competencia.

A estas horas ya tenemos la airada reacción de Los Pinos y a los corifeos de siempre lanzándose contra Joaquín Vargas por la exhibida que les puso.

Y es que el empresario los vuelve a desnudar, mientras tanto ellos vuelven a utilizar al Estado como su rehén.

Pero vayamos a los argumentos. En su defensa, la vocera presidencial, Alejandra Sota, asegura que el caso de pretender “recuperar” y quitarle a MVS la banda 2.5 no es producto de un “berrinche” del presidente Felipe Calderón  sino una decisión meramente técnica.

En conferencia, afirmó que “lejos de los argumentos políticos tiene que ver única y exclusivamente con que MVS no quiso pagarle a los mexicanos lo que la banda cuesta: 27 mil millones de pesos”.

Pero los tropiezos y contradicciones de tal premisa se evidenciaron en la misma conferencia pues el secretario de Comunicaciones y Transportes, Dionisio Pérez Jácome, aceptó que el tema es complejo y que una de las propuestas del gobierno para saber cuánto valía la banda 2.5 era “licitar una parte del espectro…simplemente para determinar el precio…una propuesta que nos iba a permitir conocer en México, dijo, cuánto efectivamente vale esta banda”, afirmó.

Es decir por un lado Sota sostiene que en el fondo MVS no quería pagar 27 mil millones y el secretario de Comunicaciones, supuesto especialista en la materia, reconoció que el propio gobierno no sabe cuánto vale exactamente la banda.

¿Cómo que una empresa no quiere pagar lo que el gobierno nos sabe exactamente cuánto vale? Explíquenme esa.

Más aún MVS ha dejado de manifiesto que es una mentira que el gobierno federal sostenga que sólo quería pagar un poco más de 100 millones de pesos por utilizar la banda pues la cifra que la empresa puso sobre la mesa era de más de 11 mil millones de pesos. Una oferta por encima del promedio de licitaciones similares en otros países.

El argumento de que la decisión fue meramente técnica pues de plano es insostenible e indefendible. Pero para ello tienen a sus corifeos repitiendo la línea presidencial pero en el fondo defendiendo sus intereses económicos.

Si hubiera sido una decisión técnica Pérez Jácome no hubiera condicionado recibir a Joaquín Vargas con una carpeta blanca que decía Banda 2.5 hasta que Carmen Aristegui se disculpara por sus dichos.

Situación que jamás ha desmentido el Secretario de Comunicaciones y Transportes.

Está claro que Joaquín Vargas cesó y recontrató a Carmen Aristegui bajo una descarada y abierta presión presidencial.

En el camino, como todo ser humano, tuvo aciertos y errores. Siempre bajo la postura oficial implícita de “si se portan bien, se los daremos".

Es reconocerse que en esta pasada conferencia el propio Vargas, con humildad, evidenció su error respecto a Carmen Aristegui:

“En retrospectiva es justo aceptar que aún bajo las circunstancias en las que me encontraba, actué de forma precipitada. El contrato que regía la relación de MVS con la señora Aristegui, contenía una cláusula que facultaba a un árbitro, designado, de común acuerdo por ambas partes, para intervenir en caso de alguna controversia. Mi decisión de cesar a Carmen Aristegui violentaba el contrato y sin duda alguna, precipitó acontecimientos que pudieron evitarse”, contó Joaquín Vargas a quien hay que reconocerle su valentía de echarse para adelante en medio de una amenaza presidencial, de proceder en su contra.

A la mitad de una embestida digna de un régimen autoritario que obviamente escuda sus acciones en nombre del Estado de Derecho y del pueblo.

El presidente de MVS, Joaquín Vargas puso a la disposición los mensajes de texto que intercambió tanto con Alejandra Sota como con  Javier Lozano, secretario del Trabajo.

Lo de Lozano es una burla, un descaro de un funcionario yendo más allá de la esfera de su competencia, para tratar de presionar y evitar la recontratación de Aristegui bajo la amenaza de “si lo haces al proyecto se lo lleva la chingada”.

Por cierto, si era una decisión “técnica”, ¿qué tenía que ver la Secretaría del Trabajo en un tema exclusivo del área de las telecomunicaciones?

Lozano, ya saben, ejerciendo el deporte político de moda, del deslinde, asegura que sus “consejos” fueron en plan de amigos y no a nombre del presidente:

“Yo la corría”, le dijo sobre Aristegui a Vargas en medio del conflicto;  “Tu gestión tiene posibilidades reales de éxito, pero si no sales, serán nulas”, le escribió para desmarcar a la presidencia.

Y al enterarse de la recontratación de Carmen sostuvo: “Qué barbaridad”.

Lo de la carta que sugería Presidencia para que Carmen se disculpara evidencia el tamaño del compromiso con la libertad de expresión de este gobierno.

Así pues Vargas comprobó ante todos que “es falsa que la política y la práctica diaria de la comunicación social de este gobierno, no se mezclan, ni se confunden con la política pública en materia de telecomunicaciones”.

Y lo resumió en una frase: “Si te callas, te doy; si no obedeces, te quito".
 
Y el gobierno decidió quitar, bajo un riesgo medianamente calculado pues seguramente no pensaron que serían exhibidos.

Qué manera de cerrar el sexenio del presidente Felipe Calderón con un país sumergido en la violencia y con una arremetida en contra de un grupo que pretendía lograr que en México el internet llegara a todos, al doble de velocidad y a la mitad de precio.

Claro, el proyecto que beneficiaría a millones, siempre fue lo de menos.
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