11 de Diciembre del 2017 | 18:47 | Ciudad de México | °C -

El Gentleman de la Corte

En su arrebato el ex presidente de la Corte acusó a Orozco, la madre de sus hijos de violencia intrafamiliar, delito que jamás se pudo comprobar.

El buen juez por su casa empieza, por eso es inaceptable el comportamiento del ministro en retiro Genaro Góngora Pimentel, quien llegó a ser presidente de la Suprema Corte de Justicia y logró guardar hasta hace unos meses una imagen de un juez valiente y honesto.
 
Hay que recordar que en las pasadas campañas Andrés Manuel López Obrador lo colocó como una de sus figuras fuertes, lo nombraría consejero jurídico, en caso de llegar a la presidencia de la República.
 
Y es que el “gentleman” de la Corte como ahora ya le llaman en las implacables redes sociales, en un arrebato (me dejé llevar por mis emociones, él mismo aceptó) encarceló a su ex pareja, Ana María Orozco, a quien acusó de fraude genérico por poner una casa a su nombre, siendo que no la podía poner a nombre de sus hijos menores de edad.
 
Góngora le quitó a dos hijos autistas a su mamá mientras ella estaba injustamente en prisión desde el pasado 7 de junio de 2012 por las influencias que ejerció en los distintos actores clave del proceso.
 
Según se sabe por palabras del abogado Jesús Mora, el ministro en retiro lleva más de un año sin ver a sus hijos.
 
Además Góngora quien ahora ha resultado no ser un ejemplo para nadie les da una pensión alimenticia de 50 mil pesos  cuando su sueldo ronda en los 400 mil.
 
En su arrebato emocional el ex presidente de la Corte acusó a Orozco, la madre de sus hijos de violencia intrafamiliar, delito que jamás se pudo comprobar.
 
Después de un año presa y ante la presión social y mediática, a jueza 69 de lo Penal, Nelly Ivonne Cortés, estableció en su resolución final que Orozco Castillo es inocente del delito de fraude y ordenó su inmediata excarcelación.
 
El caso demuestra un sistema injusto de aplicación de leyes a modo y acorde a la influencia de cada quien. Un sistema profundamente arbitrario en el que un "arrebato emocional" de alguien "importante" basta para cometer una injusticia.
 
Es así como se desplomó la imagen de un ministro considerado progresista que en su momento fue aplaudido, por ejemplo,  por empujar la despenalización del aborto.
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