16 de Diciembre del 2017 | 01:05 | Ciudad de México | °C -

El fanatismo incendiario en Nueva Jerusalén

Un fanatismo inadmisible e ilegal que contraviene el multicitado artículo tercero constitucional que establece el derecho a la educación laica y gratuita.

Si hay un elemento necesario en toda civilización es la capacidad del ser humano a coexistir con quienes no profesan las mismas religiones o tienen las mismas convicciones.

¿Cuántas guerras en el mundo se han librado en nombre de “nuestras” creencias contra “sus” creencias?

Y es que un grupo de personas en la comunidad de Nueva Jerusalén, cuyo líder es Martín Le Tour, ha utilizado la violencia para tratar de imponer sus “costumbres” sobre quienes piensan distinto.

No sólo han obstruido por más de una semana el inicio del ciclo escolar actual sino decidieron demoler el pasado 6 de julio la escuela primaria y le prendieron fuego al jardín de niños.

El grupo radical de fieles de la Virgen del Rosario ha decidido también bloquear el acceso a la comunidad, a la que han llegado policías de los diversos niveles para tratar de distender el ambiente.

A ese grupo parece no importarle el desarrollo de las demás familias y más de 270 niños de la zona que pretenden regresar a clases y que han tenido que habilitar casas particulares como escuelas.

Los maestros adscritos, por igual, ante el fanatismo, temen por su vida y lógicamente han exigido garantías para su seguridad.

Un radicalismo inadmisible e ilegal que contraviene el multicitado artículo tercero constitucional que establece el derecho a la educación laica y gratuita.

Por supuesto que las religiones deben de ser respetadas pero éstas no pueden llegar al absurdo de echar mano de la violencia para imponer sus creencias e ir en contra de los postulados del Estado mismo.

La propia Constitución en su artículo 24 indica que “todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrede y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley”.

El grupo que hoy se muestra como radical deberá aprender a cohabitar con los demás. Nadie pidió su desaparición, cada quién con sus convicciones, pero ellos no pueden exigir que los demás se comporten según sus fundamentos.

Siendo parte del mismo país, no pueden negarle a nadie el acceso a la educación que debe garantizar el Estado.

Es también obligación del Estado castigar la violencia y permitir que los niños que así lo deseen puedan iniciar su ciclo escolar. 

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